Senderos de Vida es un taller protegido de producción:“acá los chicos vienen a trabajar” sentencia Jorge Bartolo, su coordinador. Sin embargo, Senderos de Vida es mucho más que eso, es un lugar de encuentro diario en el que doce chicos con capacidades especiales aprenden un oficio que los integra al mercado laboral.
Además de cumplir con sus ocho horas en la confección de bolsas de residuos “se les da desayuno, almuerzo y merienda”, realizan artesanías con los talleristas de la municipalidad, producen fertilizantes y mantienen una huerta orgánica.
El taller es una ONG que depende del Ministerio de Desarrollo Social de la provincia de Buenos Aires. El organismo estatal envía el sueldo para los talleristas y “con eso tratamos de llevarlo adelante” explica Bartolo.
Los ingresos por las bolsas también se destinan al mantenimiento del taller porque“los costos son muy altos: sólo por los seguros de los chicos pagamos una enormidad”. Una parte de las entradas de lo producido en la huerta y por las artesanías se reinvierte y la otra se distribuye entre los trabajadores.


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